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La tinta del alma.
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Veintidós

Veintidós

Veintidós

Porsupuesto que lo supe, entendí ese día que me habías traicionado, después de haber confiado en ti, después de haber entregado cada parte blanda de mi alma sincera, aún así lo hiciste.

No te imaginas cuanto me costó tener que aceptar que tuviste todas las intenciones de causarme un mal, me tuve que resignar a tratar de trabajar este sentimiento de dolor, este rechazo que sentí por parte tuya, que siento cada vez que te veo. Después de todo lo que vivimos, de lo hablado, de lo confiado; después de haber expuesto la parte de mi que había creído disuelta aquella época que me dañaron, a la nobleza que aún se mantiene en mi, no te imaginas todo lo que reviví.

Confusiones, incertidumbres, canciones, día y noche sin saber que te hice para que hoy quieras destruirme. Me jure no demostrar mis absurdos sentimientos de siempre hacia ti, después de todo no vale la pena hablarle a nada si no te va a escuchar; absorbi el sentimiento de frialdad, de venganza y lo converti en esto que hoy te escribo. Ya no tengo intenciones de seguir luchando contra tuya, me rindo ante ti, si me quieres destruir será tu decisión yo no jugaré más esta posición, si me quedo no te quedaras, y siendo sincera ya no quiero que lo hagas, solo no quiero destruir más la poca compasión que aun siento por ti.

Entiendo el motivo por el cual la vida te hizo así, un dolor inmenso saboteo tu vida una noche de Septiembre dañando cada membrana que recubre tu órgano vital, deformo tus ganas, administró tus prioridades y te agotó las salidas, por eso entiendo que pocas veces lo escuches latir, pero yo si lo sentí, lo que vi en tus ojos no fue una imaginación, se qué estás ahí detrás de toda esa dureza, y te entiendo y aún así te quiero.

No había podido escribirte porque me sentía tan cobarde para hacerlo, desde la última vez que te escribí desde mis sentimientos hasta hoy mi corazón se convirtió en un mar, tantas lagrimas que derramé por sentirme traicionada otra vez, ahora por ti; después todo ese mar se congelo, igual que un invierno en Finlandia, estático, no se movía, solo odio y cuestiones pero tampoco quería escribirte sobre ello para despedirme; y entonces hoy algo me conectó contigo, he decidido quedarme con lo bueno de ti, y después dejarte ir, vibrar, llorar una vez más y simplemente la página soltar, dejar navegar, este velero hacia la realidad, que duele pero es cierta, que añeja la esperanza de algún día volverte a escuchar tan honesta, tan tú,  tan risa, tan volátil, tan alta para ser alcanzada.

Se que voy a superar mi dolor cuando logres destruirme, porque conozco esa parte constante tuya de querer acabar con lo que te duele; yo volveré a levantarme como lo he hecho cada caída de mi vida, y siempre con el mismo amor y el mismo sentimiento de pureza hacia los demás, no me dejaré imponer, convertir, empañar de algo que no soy, y si tu eres eso, ¿quien soy yo para juzgarte?

Me voy, te vas, siempre debió ser así, no debimos habernos conocido jamás.