El viento me hace recordar momentos de claridad, ya había pasado la tempestad, ahí estaba yo adorando mi soledad, resignandome al jamás, entendiendo que tenía que caminar sola y sin ti.Recordé mi vida hace un año, parecida a este momento, ya había pasado lo peor, los días sin tranquilidad, de hastío, de ríos interminables; había concluido la espera, la soberbia, el odio, la añoranza. Mi vida oscilaba entre mi soledad y yo, entre felicidad con pequeñas cosas, entre degustar una copa, un tabaco para calmar a la desesperanza cuando se asomaba desde el pasado; había acumulado tanta fuerza, tanta dureza y mis lágrimas por ti cada día se convirtieron en una rodando por mi mejilla.Sabía que lo había logrado, ya no rogaba por un nuevo amor, ya solo andaba contigo en el corazón, y con mi cuerpo de alquiler, me había resignado a que no volverías. Jamás pude olvidarte, ame tus defectos apenas los encontré, y aunque no busque tus virtudes atesore, comprendí tantas cosas que mi culpa había englobado, y en caja de cristal nuestros recuerdos enmarcados; y aunque la esperanza se había largado, confieso que deje una luz encendida por si decidís regresar.Una noche en la soledad de mi hogar, la luz del cigarrillo alumbraba y mi mente lúcida te recordaba, quería llamarte y marque tu número pero me contuve, no quería inquietarte, ese día volví a llorar por ti, a meses que ya te vi partir.Tan solo unos días, un diecinueve de mayo me atrevi, ¿que más puede pasar? Y lo que pasó marco el inicio de un pasado de tormento que volvió a mi para hacerme ver de nuevo que no aprendí mi lección y que tengo que agotar mi sufrimiento, sí, otra vez.