Es como si no hubiera un fin cuando miro tus ojos, como si el horizonte más inmenso hubiese penetrado en ellos, y tu sin ser consiente me estuvieras convenciendo; de quedarme, de abrigarme junto a ti, aún sin eso ser una opción y sin ser una elección.
Pero si pudiera tener tu silueta al natural pintaria el cuadro más bello, con todas esas nociones que te hacen ser un bosquejo, con tus victorias convertidas en mujer, con todas esas emociones que demuestras en tu ser.
Porque cuando tus ojos logran transmitir lo que sientes puedo darme cuenta que tienes días en que quizás lo más pertinente es mantenerte callada, quizás aislada, pero la mayor parte estoy convencida que te sientes orgullosa de verte al espejo y saber que puedes vencer tus complejos.
Y ahí es cuando la sonrisa se convierte en complemento de todas esas virtudes que te han hecho ser lo que eres, de toda esa luz que iluminas al pasar, de contagiar ese pensamiento de mujer valiente y guerrera que tienes al pensar siempre positivo a pesar...
Que las derrotas han aparecido en tu vida, que los fracasos también se han asomado, que las dudas te han invadido, que un final has pretendido... alguna vez; y mirate aquí, enviciando mis letras, derrochando belleza, esa que eres capaz de irradiar con una sola mirada.
Y es que no hay belleza más natural que un alma transparente, que una mujer que demuestra que puede, que las adversidades son su fuerte y que el mañana no es temor, cuando has dicho que con casi cuatro décadas no podrías estar mejor...
Y si volvemos al principio en el que hablaba de tus ojos te contaría la verdad que he descubierto en ellos, que se convirtieron en cómplices de tu cuerpo, porque cuando piensas que no eres capaz de decir lo que sientes sólo contradices, lo que tu cuerpo interpreta... todo un festín de emociones cuando el comportamiento corporal aflora, y cuando tu forma de expresión se convierte en eso... dos perlas que miran mostrando la verdad dentro de ellas.