Supongo que jamás tendré las suficientes palabras para poder expresar o poder decir todo lo que he vivido a lo largo de mis años, veintisiete y contando, pero igual empiezo en este momento.
Desde que comencé a tener consciencia de la vida tomé un bolígrafo y una hoja cualquiera, quizás arrancada de una de mis libretas, y me decidí a escribir, fue la primera vez que me rompieron el corazón, supe que jamás quería detenerme, ni un segundo más, que había nacido para eso, que mi realidad era esa, todo sucedió un veintidós de diciembre del dos mil uno.
Hasta el día de hoy no me he resignado, sé que cualquier cosa que quieras lograr lo puedes alcanzar, el tiempo siempre me ha beneficiado y en lugar de darme una perspectiva negativa todo se ha tornado a mi favor, jamás podré arrepentirme de nada de lo que he hecho en mi historia, las ganas que le he puesto a lo que hago, mis impulsos, me han llevado hasta aquí. Y digo que no me he resignado porque pienso que algún día no habrá suficientes cosas en mi cabeza que me puedan encaminar a concentrarme en una sola actividad, que sea escribir.
Aunque mi edad es relativamente joven, difiero de los que como de mi edad culpan a sus padres de no haber sido lo que querían, viven frustrados y exasperados, como si por ellos mismos no pudieran lograrlo, sé que yo hubiese querido vivir para esto, para retratar en letras mis vivencias y mi sentir, aunque lamentablemente mi entorno en ese preciso momento de mi inicio no pintaba para eso, en cambio tuve que aprovechar la única oportunidad que tenía y terminé estudiando y desempeñando mi carrera al grado de poder darme hoy las herramientas para escribirles esto desde la tranquilidad de una terraza en un lugar magnifico.
El limite solo está en la mente, en convertir las nulas o pocas oportunidades en algo grande, en no sabotear a tu sentir que quiere seguir insistiendo en vivir; porque miro el ayer dentro de esta esfera de cristal, veo una niña con ilusiones, que esperaba que los demás le proporcionaran esa realidad anhelada hasta que un día la luz me llegó y me dijo que nadie me regalaría nada, que no lograría obtener esa satisfacción si no empezaba por trabajar en ello, y entonces empecé a vivir, empecé a dejar mis miedos.
Sé que quizás mi vida poco interese a mucha gente, que quizás mis textos no logren trascender entre tus adentros hasta el punto de hacerte reflexionar y mucho menos me siento un ejemplo, pero sé que al menos en esta vida he tratado de ser siempre honesta, siempre firme, siempre soñadora, que algún día podré cumplir mi sueño, crear un texto que a alguien lo haga inspirar y entonces reciba de mi esa mitad que se encuentra con ganas de explotar y llegar a cada rincón de cada ciudad.
Siempre me dije que sería escritora, y aunque no estoy ni en el cinco por ciento de esa realidad, pero, al menos lo voy a intentar…